Viviana Yacoub en LN+: “El crédito hipotecario es clave para la clase media, pero los bancos no deben volver a cajonear las carpetas”

En diálogo con La Nación +, la arquitecta, desarrolladora inmobiliaria y presidente y fundadora de Yacoub Real Estate & Developers analizó los anuncios del Ministerio de Economía. Explicó los requisitos para calificar, qué propiedades se pueden comprar en CABA y La Plata, y remarcó la necesidad de que el financiamiento llegue efectivamente a la gente.

El anuncio del Gobierno sobre nuevas líneas de créditos hipotecarios para la primera vivienda reavivó las expectativas en un sector clave de la economía argentina. Con una tasa del 7,5% más ajuste UVA y plazos de hasta 30 años, la promesa oficial busca sustituir el costo de un alquiler mensual por la cuota de la casa propia.

Para desmenuzar la letra chica de la medida, el impacto en la clase media y el escenario real del mercado del ladrillo, La Nación + dialogó en profundidad con Viviana Yacoub, arquitecta, martillera y presidente y fundadora de Yacoub Real Estate & Developers, compañía que actualmente lidera más de 25 desarrollos en marcha.

—Los nuevos anuncios sobre créditos hipotecarios generan expectativa, pero también dudas prácticas. En concreto: ¿cuánto debe ganar hoy un grupo familiar para acceder a estas líneas?

—Es una medida muy bienvenida porque el acceso al crédito es vital para la clase media. En términos numéricos, el préstamo promedio que se está otorgando ronda los 80.000 dólares, para propiedades que se ubican entre los 121.000 y 122.000 dólares; la diferencia restante la debe aportar el comprador con sus ahorros. Para calificar a ese monto máximo, el grupo familiar necesita demostrar ingresos formales por aproximadamente $3.500.000 en total, que en el caso de una pareja equivale a cerca de $1.700.000 o $1.750.000 cada uno.

—¿A cuánto asciende la cuota mensual y cómo compite frente a un alquiler tradicional?

—Para ese monto máximo de financiamiento, la cuota inicial se ubica en torno a los $860.000, con plazos de amortización que van de 15 a 30 años. El concepto es claro: que la familia destine a la cuota hipotecaria lo mismo o un valor muy similar a lo que hoy paga de alquiler por un departamento estándar. La diferencia sustancial es que está capitalizando su propio techo.

—Muchas familias recuerdan la experiencia de los créditos UVA en gestiones anteriores, donde la disparada inflacionaria complicó las cuotas. ¿Qué cambia en este contexto?

—El factor determinante es la desaceleración y estabilización de la inflación. En etapas previas, con una inflación descontrolada, el mecanismo UVA se volvía muy complejo de sostener y obligaba a refinanciar. Hoy el escenario macroeconómico es distinto: la inflación está contenida, lo que otorga mayor previsibilidad para quien asume un compromiso a largo plazo. Además, el mercado inmobiliario viene de un reacomodamiento de precios en dólares a la baja por la falta previa de crédito, lo que genera oportunidades de compra reales.

—Usted ha manifestado reparos respecto al comportamiento de las entidades bancarias en etapas previas. ¿Qué advertencia hace hoy?

—Es el punto neurálgico. Nosotros, desde la empresa, teníamos inmuebles aptos para crédito con planos aprobados y sin ninguna traba jurídica, y clientes con ingresos en blanco intachables que calificaban perfectamente. Sin embargo, cuando llegaba la carpeta al banco, no se liquidaba el préstamo; se cajoneaban las operaciones porque a los bancos no les resultaba atractivo el margen de tasa. Yo misma le pedí a mis equipos comerciales no desgastarse en procesos infructuosos. Por eso, mi pedido directo y de corazón es que esta vez el sistema bancario actúe con celeridad y respete al cliente.

—El fondo anunciado ronda los 2 billones de pesos a través de ANSES, lo que alcanzaría a entre 15.000 y 18.000 familias. ¿Es suficiente para la demanda existente?

—Convengamos que es un cupo reducido frente al déficit habitacional de la Argentina. Pero representa un punto de partida necesario. La imposibilidad de acceder a la vivienda propia no solo afecta la economía, sino la planificación vital y hasta la natalidad. La incertidumbre de renovar contratos de alquiler cada dos años genera angustia. El argentino por naturaleza tiene la cultura de ser dueño, no rentista.

—Con un presupuesto de 80.000 dólares de crédito más ahorro propio, ¿qué tipología de inmueble se puede adquirir según la zona?

—Depende fuertemente de la plaza:

En la Ciudad de Buenos Aires: En zonas consolidadas como Palermo o Belgrano, los valores por metro cuadrado orientan la búsqueda principalmente a unidades de un ambiente.

En la Ciudad de La Plata y Gran Buenos Aires: Con ese mismo capital se accede a unidades de dos ambientes, propiedades usadas de mayor superficie o incluso permite financiar la construcción sobre lote propio, lo cual dinamiza directamente la compra de materiales y la mano de obra local.

—Frente a la histórica escasez de crédito bancario, ¿cómo operan los desarrolladores para sostener la oferta?

—En Argentina, los desarrolladores inmobiliarios hemos sido verdaderos gladiadores. Ante la falta histórica de financiamiento bancario, fuimos nosotros quienes creamos esquemas propios de financiación directa para permitir que los jóvenes y las familias ingresen a su vivienda. Hoy estamos construyendo 25 torres y nuevos emprendimientos, trabajando con márgenes muy ajustados frente a los costos de la construcción y optimizando cada proceso para mantener la rentabilidad y la accesibilidad. Si el crédito bancario acompaña y se ejecuta de verdad, el impacto positivo en la construcción y en el empleo será inmediato.

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