Recoleta es el barrio tradicional del lujo porteño: embajadas, hoteles de primera línea y la arquitectura más valorada de la ciudad, con la avenida Alvear y la zona de Plaza Francia como referencia.
La demanda es de nicho: contratos corporativos, diplomáticos y familias de alto poder adquisitivo, con inquilinos que cuidan la propiedad y contratos largos.